lunes, 17 de noviembre de 2008

ETIMOLOGÍA

La etimología de este mar procede del latín Mar Medi Terraneum, cuyo significado es "mar en medio de las tierras". La mayoría de los habitantes de sus costas han usado desde siempre la denominación latina o algún derivado de ella.

En griego se llama Mesogeios Thalassa, con el mismo significado que el del nombre latino, en árabe se llama Al-Bahr al-Mutawāsit  que significa "el mar intermedio", y en turco le denominan Ak Deniz, que significa "el mar blanco", por oposición al mar Negro.  Para los egipcios era "el Gran Verde".

El mediterráneo cambia de género de un litoral a otro: es masculino en italiano, femenino en francés, (¿Cómo no?) neutro en latín o en las numerosas lenguas eslavas, masculino o femenino en español y en griego; posee dos nombres masculinos en árabe, pero en definitiva es el Mare Nóstrum, como lo denominaban en la antigua Roma, única civilización que logró conquistar todos los países ribereños del mediterráneo, y exportar su cultura vinícola a todo el mundo conocido.

EL ORIGEN DEL VINO Y DE LA VITICULTURA

«Todos los pueblos que han creado una cultura han cultivado la vid»

Mauricio Wiesental

Es casi seguro que el vino naciese en el Mediterráneo, casi a la par que la agricultura y por tanto el sedentarismo, después de la última glaciación, -conocida en Europa como de Würm y en América como Glaciación de Wisconsin- que dio fin al Pleistoceno.

Hacia el final del Paleolítico Superior, hubo una época climática conocida como periodo Würm III, dentro de este periodo climático,  se produjo la llamada Oscilación de Bølling, un cambio climático donde el tiempo se volvió repentinamente templado     -os suena de algo- , ese breve periodo climático, permitió que una zona muy fría, que acababa de surgir de una glaciación, pudiese albergar los primeros viñedos conocidos, necesitados de un clima estable y moderadamente cálido.

Más tarde el frío volvió y los viñedos se fueron desplazando paulatinamente hacia el oriente, buscando zonas climáticas más favorables para su cultivo

El desarrollo de los usos agrícolas en el Neolítico, y su lento traslado desde la región del Levante Mediterráneo hasta el norte de Irán y Anatolia, parecen querer corroborar que el clima fue determinante en la aparición y desarrollo del vino en el Mediterráneo.

La arqueología molecular, y el estudio paleobotánico de las semillas de uva, desarrollados casi en su totalidad por Patrick Mc.Govern y su equipo de investigadores del Centro de Ciencias Aplicadas a la Arqueología de la Universidad de Pensilvania, parece sugerir que se produjo una lenta introducción del cultivo de la Vitis vinífera en lo que hoy es el noreste de Irán varios milenios antes de Cristo.

La arqueología molecular, consiste básicamente en el análisis de los poros del interior de las vasijas de arcilla que servían para la fermentación, conservación y traslado del vino.

La cocción de las citadas vasijas o ánforas, generan , que tienden a absorber los materiales orgánicos –especialmente los líquidos- estos quedan retenidos durante un largo periodo de tiempo dentro de los poros de la vasija, permitiendo su datación y análisis milenios más tarde.

El científico Patrick Mac.Govern en una célebre conferencia impartida en 1991 presentó una precisa datación de unas vasijas de vino sumerias, procedentes de Godin Tepe, en el Kurdistán iraní, situado en los valles situados entre los montes Zagros al suroeste de Irán.

Pero la mayor aportación de este investigador y su equipo, se produjo casi una década más tarde, y fue el descubrimiento de unas vasijas de barro cocido que habían contenido vino, que se encontraron en el poblado neolítico de Ají Firuz Tepe, también en el Kurdistán (un poco más al norte de los montes Zagros) Estaban semienterradas en un almacén agrícola de la era neolítica, y tenían unos 9 litros de capacidad. En el fondo de las mismas, se conservaban restos de pigmentos amarillentos, que más tarde fueron identificados como derivados lácteos. Sin embargo, posteriores análisis químicos  basados en espectrometrías y cromatografía de líquidos, detectaron la presencia en ellos de ácido tartárico, elemento que delataba la presencia de vino.

Al no estar tapadas herméticamente, se dudó de la certeza de esta afirmación, pero un nuevo análisis más exhaustivo, delató la presencia de una resina que se encuentra en el árbol del pistacho, (muy abundante en la zona) resina que se utilizaba como un conservante natural del vino, pues prevenía la oxidación.

Este dato fue revelador, pues dicha resina, era recomendada por Plinio el Viejo en su Historia Natural como una manera idónea de preservar el vino. 

Los restos amarillentos de ácido tartárico y resina de pistacho fueron situados en el entorno del año 5.400 antes de Cristo. Nunca antes se habían datado restos vinícolas tan antiguos.

Recientemente, este mismo equipo investigador ha lanzado una revolucionaria teoría, -todavía en fase de autenticación-, denominada "Hipótesis de Noé", según la misma, en la zona oriental de Turquía, en las montañas del Tauros, cerca de los cursos altos de los ríos Tigris y Éufrates, lo que antiguamente se conocía como “El creciente fértil” (se denominaba creciente, por la similitud que tenía con la forma de la luna creciente, tan apreciada por los pueblos árabes) se hallan los restos más antiguos de vitis vinífera existentes, con una sorprendente datación, que los sitúa en torno al año 9000 a.de C. (final del Paleolítico Superior) no hay que olvidar que la parte este del “Creciente Fértil”, es netamente mediterránea, pues en el Levante de nuestro mar, es  donde están situados los actuales Israel, Líbano Siria y Jordania.

Por tanto, a la vista de todos estos estudios, se podría asegurar sin temor a mentir, que el vino y la viticultura,  nacieron en el Mediterráneo oriental, hace aproximadamente once mil años, que aquí se desarrollaron las técnicas y la cultura suficientes para convertirlo en bebida de culto, tanto para creyentes como para escépticos  y que desde aquí fue exportado a todas las otras zonas del mundo vitivinícola.

 

NACIÓ EN EL MEDITERRÁNEO INTRODUCCIÓN

NACIO EN EL MEDITERRÁNEO

 

INTRODUCCIÓN

MEDITERRÁNEO: Espumoso mar…… 

Virgilio

Desde la más remota antigüedad, se ha identificado a este mar y a sus habitantes con el vino, no en vano, la aparentemente “inocente” frase de Virgilio que da título a este trabajo, no aludía a la espuma de las olas del mar, sino a la producida por los numerosos vinos efervescentes que se elaboraban en el mediterráneo, mucho antes de que el champagne “inventara” el vino espumoso por excelencia.

Durante miles de años el Mediterráneo, además del origen del vino, fue el centro de la civilización occidental. En términos geográficos y culturales, el mar Mediterráneo constituye todo un mundo por sí mismo, un mar interior en cuyas riberas se dan todo tipo de tierras y climas: vastos desiertos, montañas nevadas, fértiles llanuras, ínsulas, penínsulas, golfos, islas e incluso otros mares más pequeños, dotados de características propias.

Asimismo el mar Mediterráneo dispone de un amplio rango de ecosistemas, sumergidos, desde fértiles praderas de posidonias y arrecifes de coral, hasta las montañas marinas, y fosas de su  lecho marino que, en su parte más profunda, alcanza más de 5.000 metros. A lo largo de la Historia, el Mediterráneo ha sido lugar de encuentro de las culturas de Europa, Asia y África, el campo de batalla de diversas razas y naciones y la cuna de tres grandes religiones, el cristianismo, el judaísmo y el islam.

Aunque es necesario aclarar, que a pesar de lo que digan los libros de historia, (Qué a veces se parecen sospechosamente a los telediarios) que solo hablan de batallas, conquistas, reyes, muertes y sangre, el Mediterráneo ha sido principalmente un plácido mar de paz, de convivencia y de creatividad.

Ha constituido una especie de enorme crisol donde se han fundido y desarrollado los pensamientos de las mentes más preclaras de la historia. En él surgió el renacimiento, nació la filosofía, prosperó el arte, apareció la política, la democracia, se crearon los primeros barcos y aviones, nacieron conquistadores, guerreros, genios, tiranos, humanistas o héroes, aquí apareció el comercio, y se inventó prácticamente todo, desde la agricultura hasta los deportes o las artes. El mediterráneo es la cuna de la civilización, y la bebida más civilizada que existe, (a pesar de ser prehistórica, pues nació antes que la escritura) es sin duda el vino.

A pesar de todo lo expuesto, se podría decir que el nacimiento y desarrollo de la cultura vinícola en el mediterráneo se debe principalmente a un factor meramente climático.

No existe ningún lugar en La Tierra, con un clima tan estable y tan benéfico para el cultivo de la vid, que además haya durado tanto tiempo. Esos inviernos cálidos, las primaveras templadas y lluviosas, y los veranos secos, son una autentica panacea para los viñedos y los viticultores.

De hecho, el entorno mediterráneo, es el que concentra una mayor biodiversidad de de todo el mundo. En parte amparados por la bonanza climática y en parte porque este benéfico entorno, actuó de reserva animal y vegetal, debido al poco impacto que tuvo aquí la última glaciación.

 

 

viernes, 10 de octubre de 2008

miércoles, 1 de octubre de 2008

ERRORES COMUNES

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ERRORES COMUNES

 

Introducción:

Es tan extenso el catálogo de errores que todos cometemos a la hora de servir, pedir o disfrutar de un vino, que el tema daría para escribir una enciclopedia que haría palidecer a la mismísima Espasa, vamos a tratar de abreviar y ser precisos, casi telegráficos, esperamos que una vez leído este artículo su visión del servicio del vino sea algo más clara que antes.

 

 

Errores más comunes del Sumiller o Restaurador:

  1. No ofrecer vino de aperitivo a los clientes.
  2. No cambiar las copas cuando sirve una botella de la misma marca y añada.
  3. Mezclar vino de dos botellas diferentes.
  4. Retirar totalmente la cápsula (de estaño, plástico u otros materiales) de la botella cuando no se va a decantar o jarrear.
  5. No retirar la cápsula cuando se va a decantar o jarrear.
  6. Cortar la cápsula por arriba del gollete.
  7. No limpiar la parte interna del cuello de la botella antes de servir.
  8. Verter restos de corcho en la primera copa servida, por no respetar el punto anterior.
  9. Utilizar copas inadecuadas, demasiado grandes (peceras), copas de agua (esto es lo más extendido), copas de vidrio grueso, copas con heridas de guerra (bocados, rajas, etc.), mal repasadas (con restos de cal) o simplemente sucias.
  10. Dejar nuestra botella en la lejanía, incluso fuera de nuestro contacto visual. (Ver Gueridones Lejanos).
  11. Jarrear o decantar el vino cuando no es necesario. (Esta operación, está de moda, y lo único que esconde es la malsana intención de cobrarnos más dinero por la botella pedida)
  12. -No decantar el vino cuando este presenta posos.
  13. Servir el vino demasiado caliente o demasiado frío.
  14. Aconsejar el vino espumoso a los postres.
  15. No ofrecer la carta de vinos dulces con los postres.
  16. No tener vinos dulces, o no ofrecerlos, que equivale a lo mismo.
  17. Aconsejar siempre los mismos vinos. (los que más beneficios reportan al restaurador)
  18. Aconsejar vinos que todavía están “crudos” y tánicos, que necesitan varios años de crianza en botella para afinarse.
  19. Llenar demasiado las copas, especialmente las de vinos blancos o espumosos.
  20. Dejarse influir por las modas y por los gurulillos de barrio.
  21. No confeccionar su propia carta de vinos.
  22. -Tener vinos que no le gustan en su propia carta de vinos.
  23. -Ser abstemio.
  24. -No disfrutar bebiendo un buen vino.
  25. Tener una carta de vinos enciclopédica, con miles y miles de referencias, que indefectiblemente se quedará anticuada, y además le faltaran muchas de estas referencias. Y lo que es peor, quien sirva el vino no lo conocerá.
  26. Cometer infinidad de errores ortográficos en las cartas de vinos.
  27. -Confeccionar cartas de vinos excesivamente nacionalistas, o plagadas de vinos clónicos.
  28. -Padecer de riojitis o riberitis aguda.
  29. -Trasladar sus manías a las cartas de vinos o a sus recomendaciones a los clientes.
  30. Transportar platos, usurpando funciones de sus compañeros de sala.
  31. No poner suficiente agua en las cubiteras.
  32. -No poner suficiente hielo en las cubiteras.
  33. -Utilizar fundas térmicas para enfriar las botellas, cuando en realidad las mejores son simplemente mantenedores térmicos.
  34. Cargar un margen excesivo en el precio de los vinos.
  35. Comprar copas de mala calidad. Desconocidas, sin lógica en sus formas o capacidades.
  36. -Inventar cosas cuando presentan un vino.
  37. -No presentar los vinos a los clientes.
  38. -No utilizar Drop Stop o cortagotas, con las consiguientes manchas de vino en los manteles.
  39. -No utilizar el sacacorchos más adecuado a cada botella y añada.
  40. -Escanciar el champagne haciendo mucha espuma, perdiendo irremediablemente parte de su efervescencia.
  41. -Dejar una botella de vino tinto sin climatizar encima de la mesa. La temperatura de un comedor es casi diez grados más elevada que la de consumo de un vino tinto.
  42. -Decorar la sala del restaurante con botellas de vino. Expuestas al ruido, al calor, a las vibraciones y al humo.
  43. -No ofrecer destilados, digestivos o cocktails una vez han terminado los clientes de comer. Abandonando la mesa sistemáticamente.
  44. -Tener solamente uno o dos modelos de copas para todos los vinos existentes. Además de ser cutre, es un error de bulto, pues muchos de los vinos que servimos requerirán copas adecuadas a sus caracteristicas.
  45. -Tener botellas de vino tinto puestas en las mesas, a ver si pica el cliente.
  46. -“Marcar” las mesas con copas de vino sin saber que vino se va a tomar. Sería equivalente a poner cubiertos de pescado sin saber si lo vamos a pedir o no.
  47. -Permitir que se fume en el restaurante, perjudica el perfil olfativo de todos los vinos que sirvamos.
  48. -Disponer de una mala ventilación y por tanto que el restaurante huela a comida.
  49. -Llevar las uñas de sempiterno luto.
  50. -Lucir un potente olor corporal, o ir perfumados.
  51. -Disfrazar a los camareros de luto eterno, que más parece que estemos en un funeral que en un restaurante.
  52. -Disfrazar a los sumilleres de dominatrices, con cadenas y cueros, por mucho morbo que esto pueda tener, el tiempo no ha pasado en vano y simplemente es vulgar, artificial y desfasado.
  53. -Pelo largo, barba, piercings, tatuajes o una defectuosa higiene no son compatibles con un restaurante pulcro e higiénico. ¡la gente no ha venido a vernos, (ni a olernos) sino a comer!, y el acto de comer debe ser el más higiénico de cuantos realizamos.
  54. -La seriedad es siempre un arma defensiva, un buen sumiller nunca debe ser serio ni envarado. Su misión primordial es el placer del cliente, y debe proporcionárselo (sin mariconadas) siendo fiel trasmisor de la sabiduría que le ha legado el viticultor-bodeguero por medio de su vino.
  55. El servilismo y las genuflexiones no hacen mejor al sumiller, sino más sumiso y menos profesional.

 

 

Errores más comunes de los clientes:

  1. -Asistir a un restaurante desprovisto de la obligada actitud de disfrute.
  2. Asistir a un restaurante pensando que “está en su casa”, cuando en realidad asiste a la casa de otra persona, que va a ejercer de anfitrión.
  3. -Acudir a un restaurante con la malsana intención de sabotear la comida y/o el servicio, jodiendo irremediablemente a sus compañeros de mesa.
  4. -Llevar la voz cantante por toda una mesa, asumiendo el liderazgo que nadie le ha cedido, incluso pidiendo comandas completas sin el permiso de sus compañeros de mesa.
  5. -Desconfiar del sumiller sistemáticamente. ¡A veces aciertan!
  6. –Ser abstemio, y lo que es peor ¡sentirse orgulloso de ello!
  7. -No pedir vino de aperitivo al inicio de la comida.
  8. -Beber vinos demasiado jóvenes, todavía sin armonizarse por medio de su necesaria crianza en botella.
  9. -Beber siempre el mismo vino. Recordemos al sabio Bierce: Dos veces es siempre una vez de más.
  10. -Beber el mismo vino durante toda la comida.
  11. -Querer que les “de-canten” todos los vinos.
  12. -Ser “Tintocentristas”.
  13. -Padecer “rioijitis o riberitis congénita”.
  14. Ir demasiado perfumados a los restaurantes.
  15. Llevar pintalabios “acuáticos” que impregnan las copas indeleblemente.
  16. -Tratar de devolver una botella, simplemente porque no les gusta el vino, sin que este tenga defectos.
  17. -¡Este vino está “picao”!... Sin comentarios.
  18. -Llamar al sumiller o camarero emitiendo un ridículo siseo, como si se estuvieran desventando.
  19. -Entablar una pequeña disputa con el sumiller, para epatar a sus compañeros (casi siempre compañera) de mesa. El mayor peligro acaece cuando esta es rubia, cuanto más claro sea el tono de rubia y más grandes las tetas,  ¡más peligro!
  20. -Pensar que todos los vinos blancos se deben beber jóvenes.
  21. -Pensar que los vinos por el mero hecho de ser blancos, deben ser baratos.
  22. -Asociar la juventud de los vinos a su bajo precio.
  23. -Pedir siempre los vinos más baratos.
  24. -Beber cerveza en vez de vino de aperitivo.
  25. -Pedir los vinos espumosos a los postres.
  26. -Pedir carpaccios (moda nefasta que solo beneficia al restaurador), vinagretas, escabeches, espárragos, alcachofas, huevos, etc. y consumirlos con vinos.
  27. -Dejarse influir por las modas y por los gurulillos de barrio.
  28. -Levantar demasiado la voz en cuanto han tomado tres copas.
  29. -Beber los vinos blancos demasiado fríos y los tintos demasiado calientes.
  30. -Asir las copas como si de un balón de balonmano se tratase, ensuciándolas inevitablemente y perdiéndose la belleza que nos puede ofrecer la contemplación de un gran vino.
  31. -Preferir copas grandes, sean adecuadas o no al vino que han solicitado.
  32. -No oler los vinos. La fase olfativa es tremendamente importante en los vinos.
  33. -Beber los vinos demasiado rápido, sin prestar la atención requerida por estos.
  34. -No mantener los vinos en la boca el tiempo suficiente, evitando así que puedan trasmitir la información sensorial necesaria a nuestro ansioso cerebro.
  35. –Hiperventilar los vinos, remolineando compulsivamente, como si estuvieran haciendo un ajoaceite.
  36. -Fumar. Un vicio tan nefasto, además de matar al propio adicto y a sus semejantes, altera definitivamente el perfil organoléptico de todos los vinos.
  37. -Pretender fumar en un local donde no está permitido. Dando la brasa constantemente.
  38. -Salir a fumar a la calle entre plato y plato y sembrar de colillas la entrada del restaurante.
  39. -Ir a “empolvarse la nariz” entre plato y plato.
  40. -Una duchita de vez en cuando no le vendría mal a más de uno. La onda expansiva odorífera suele abarcar en pocos minutos todo el comedor.
  41. -Pretender que le regalen “la copita” de la sobremesa. Obligando al avispado restaurador a servirles productos de deleznable calidad.
  42. -Beber los whiskies con hielo.
  43. -Quedarse de charleta a grito  limpio en la puerta del restaurante a altas horas de la madrugada. Olvidando que los vecinos suelen intentar dormir mientras ellos gritan.

 

© Juan Ferrer Espinosa    Enópata

sábado, 27 de septiembre de 2008

HISTORIA DEL FONDILLON

FONDILLON

La palabra Fondillón seguramente proviene del poso, madre o lías que se formaban en el fondo de los fudres monoveros, y que servían para dotar de las caracteristicas adecuadas a los futuros vinos que en ellos se depositaban. 

Generalmente las “sacas” eran de un tercio del contenido total de los fudres.

Sería algo así como un sistema de soleras y criaderas, formado por un solo recipiente.

Existen otras teorías que aseguran, que debido a la larga crianza de estos vinos rancios, los fudres se arrumbaban en el fondo de la bodega, llamándoles de forma coloquial “fondillón”; sea como fuere, estamos ante el vino valenciano, mejor dicho Alicantino, más grande de nuestra historia, con más prestigio y calidad de todos cuantos existen, incluso hoy en día.

A pesar de ser un vino que ha estado al borde de la desaparición, la Comunidad Economica Europea, lo ha reconocido como uno de los cinco vinos comunitarios con derecho a nombre propio, los restantes son el champagne, el cava, el jerez y el oporto.

 

Hace poco más de medio siglo, en Monovar, en una casa solariega propiedad de Eleuterio Llorca, se encontró un fudre de roble alicantino de finales del siglo XIX, olvidado por el tiempo. Más tarde se supo que era el fudre que Juan Maisonnave regaló a su bisabuelo Juan Llorca.

Se podría decir que el Fondillón  de Alicante es uno vino con “Denominación Real”, vino de cardenales del Renacimiento, de reyes, de papas y de príncipes de la literatura. Existen testimonios valiosos y curiosos que hablan de la extensa fama de estos vinos, como el del Duque de Saint Simon, que cuenta en sus memorias que cuando el rey Luis XIV de Francia estaba a las puertas de la muerte el único alimento que admitía era bizcochos mojados en Fondillón. Por otra parte, el Fondillón, fue  el primer vino que dió la vuelta al mundo, según escribió Julio Guillén Tato, que acompañó a Elcano en su segundo viaje alrededor del globo, (El primero fue el emprendido por Magallanes), gracias al Fondillón muchos marineros se libraron de morir a manos del temido escorbuto, que por aquel entonces era una enfermedad no identificada. Que "hacía crecer de forma horrible las encías de los marineros hasque que no se veían sus dientes".

Francisco Martinez Montiño, cocinero mayor de Felipe II, y quizá el mejor cocinero de su época, en sus escritos titulados “conduchos de Navidad”, cita la anécdota de unos nobles embajadores japoneses que en su visita a España, a finales del siglo XVI, y al ser obsequiados con Fondillón exclamaron:

¡Pero si este es el famosísimo "Vino de Alicante" que tanto renombre tiene en diversos países!"

Uno de los valedores más fervorosos del Fondillón fue José Martinez Ruiz, más conocido por su psudónimo periodistico: Azorín. No en vano nació en Monovar y era un apasionado del Fondillón.

"vino centenario, su sabor es dulce, sin empalago; por su densidad empaña el cristal; huele a vieja madera de caoba."  Azorín

Uno de los referentes escritos más antiguos del Fondillón se debe al escritor, aventurero y viajero aleman Jeronimo Munzer, que a finales del siglo XV, más concretamente en 1498, escribió al representante de la casa comercial Gros & Gesellschaft lo siguiente: 

“En la parte oriental de esta tierra, se elaboran ingentes cantidades de vino blanco. Pero todavía es más célebre el que denominan Alacant, un vino que tiene un gran mercado en Inglaterra, Escocia, Flandes y otros lugares de Europa. Es un vino muy espeso, con mucho color, hasta el punto que en Flandes lo mezclan con otros vinos para fortificarlos, me parece increible que en esta nación sea tan alto su consumo…”

Es en el año 1534 en Suecia hay escritos de mercaderes que dicen así:                                  «cuando se tiene que aplicar una tarifa a un barril de vino de Alikant, debe ser la tarifa más alta que exista», aunque probablemente, el Fondillón era un vino que ya se importaba desde mucho antes.

Esto no fue un caso aislado, pues el Fondillón, llamado por aquel entonces “Alicante”,  causó furor durante siglos entre los poetas y literatos de toda Europa, entre ellos cautivó al viajero, hispanista y escritor polaco Karol Dembowski, también fue el vino favorito de un gran enópata de la época romántica: Henri Beyle, más conocido por su pseudónimo literario: Sthendal; asimismo enamoró al escritor y dramaturgo francés Alexandre Dumas (padre), no menos enópata gastrónomo y bon vivant que Sthendal, incluso publicó  un excelente diccionario de cocina tres años después de su muerte; de hecho, Dumas cita el Fondillón en su celebérrima novela El Conde de Montecristo, puesto que era uno de sus vinos favoritos; es más, se lo dio a conocer al sorprendente visionario de Nantes: Julio Verne.

El Fondillón fue el vino de mesilla de noche del excelente compositor y genial pianista polaco Frédéric Chopin y de su no menos famosa pareja Aurore Dudevant, más conocida por el mundo como George Sand, ella fue quien cuidó de Chopin durante sus últimos años de enfermedad, preparándole magnificas “Clafoutis” de manzanas (una especie de crêpe relleno de manzanas horneadas que casaba magníficamente con el Fondillón).

Asimismo fue amantes de este vino dulce de Alicante, el escritor veronés Emilio Salgari, que lo cita en varias de sus procelosas novelas de aventuras.

Tambien fue el vino favorito del investigador e hispanista el Barón Charles Davillier (apasionado de la cerámica de Manises, visitó varias veces Valencia, conociendo aquí el Fondillón) y del genial pintor, escultor y sobre todo dibujante Gustav Doré, amigo de Davillier e igualmente apasionado por el Fondillón, que conoció junto con su compatriota aquí en Valencia.

Su fama también fue reconocida tambien por escritores de la talla de Shakespeare, gran enópata, así como por el vibrante historiador y político francés Edgar Quinet, que tambíen abrazó sin reparos ni medida las virtudes del fondillón.

“Ese Aloque dulce y oscuro”

 Fue bebida diaria del espía y escritor inglés Daniel Defoe , famoso por su novela Robinson Crusoe, y tambien era apreciado por genial novelista moscovita Fiodor Dostoyevski, que con toda seguridad compartiría copa con su otra pasión: Polina Suslova.

 Hasta el mismísimo Botánico valenciano  Antonio José de Cavanilles, (poco dado a hablar de nada que no fuese vegetal) habló de él:

"El verdadero Alicante debe hacerse de uvas de Monastrell, y de aquellas resulta aquel vino, espeso, de un sabor dulce, con alguna aspereza, tan estimado en todas las naciones".

El conocido viajero inglés Joseph Towsend, a su llegada a Alicante en 1787, escribió acerca del proceso de obtención del fondillón:

"se separan los granos de los racimos y se colocan sobre grandes bandejas de cañas, que se dejan durante 15 dáis a la acción del sol y del aire, procediéndose seguidamente al prensado de dichas uvas. Pero los grandes propietarios no usan prensas sino que hacen pisar las uvas por personas que se mueven continuamente cambiando de sitio, evitando de esta forma fragmentar el piñuelo, que hubiese transmitido al vino demasiado amargor y aspereza, se deja así el pellejo para dar color al vino, que después de fermentado se guarda en barriles".

Este viajero también describió la elaboración del Fondillón de la siguiente forma:

"vendimian la uva, sacan los granos del racimo y los ponen sobra cañizos de mimbre bastante elevados. Los dejan allí durante quince días, expuestos al sol y al viento para evaporar la humedad superflua, después de lo cual lo meten en la prensa. Una vez prensado, cae con sus hollejos en la cuba donde sufre la fermentación. A continuación lo descuban y lo guardan en toneles".

No faltaba en la mesa de los monarcas escandinavos Magnus Ladalus, en 1566, y Juan III, en 1582. En 1640, el poeta sueco Stiernhielm se refiere a los vinos españoles, y de entre los mejores, nombra el de Alikant o Alekant, y lo califica como un vino palaciego.

Lo demuestra el hecho de que el ilustrado Bengt Bergius, en su «Discurso acerca de las exquisiteces», publicado por la Real Academia de Ciencias de Suecia (1785-1787), relaciona más de setenta y cinco vinos de todo el mundo, y califica al de Alicante como uno de los mejores del mundo, tanto que en las bodegas de la corte rusa de San Petersburgo, el zar tenía sus reservas de «Vinum Alonense».

Fernando el Católico en 1510 prohibió la distribución en Alicante de vinos procedentes de otras tierras. Felipe II en 1596 confirma el privilegio anterior: “La Collita de Vi sia la Mes principal de la qual se sustenta molta gent així principal com plebeyos”.

Todos estos privilegios vienen dados para proteger el vino autóctono ya que la fama de ellos había traspasado nuestras fronteras, tal como relata Jerónimo Múnzer, que en 1492 en su libro “Itinerarium sive prereginatio per Hispaniam ...”, escribe, refiriéndose a Alicante, “en la parte oriental de esta tierra elabórase mucha cantidad de vino blanco, pero es aún mas el que llaman tinto de Alicante, de gran mercado en Inglaterra, Escocia, Flandes y otros lugares de Europa... el día que paramos en la ciudad vimos en el puerto 26 naves de Vizcaya, de Flandes y de otros países que iban a por cargamento de vino de Alicante”.

El Doctor Cabanes, en su obra ”Le mal hereditaire”, dice refiriéndose a Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, que “hacía seguir a su real marido un régimen de especias y guisos de carne y vino de Alicante, que le tenía en un enervamiento continuo, bajo el dominio de sus caricias o negativas, mediante ingredientes que reavivan el amor a expensas de la vida”.

En el catálogo de vinos de Maisonnave de finales del siglo pasado figuran entre otros los siguientes precios de ventas: vino Alicante Fondillón 800 francos/hectolitro,  Málaga 135,  Porto 153, Xerez 204, Valdepeñas 60.

Sólo viendo estos precios nos indica el enorme prestigio que adquirió el  Fondillón en siglos pretéritos.

Pero la época de oro de la región llegó en el siglo XIX, cuando el vino Fondillón, fue ensalzado en el París de la exposición universal, pero no fue este “detalle” más o menos popular lo que lo ensalzó, si no un par de terribles enfermedades que arrasaron todos los viñedos europeos; primereo fue el oidio y la filoxera después, entre ambos arrasaron los viñedos franceses.

Francia llegó a firmar un tratado de comercio preferencial, para obtener un canal seguro de abastecimiento de vinos de procedencia alicantina. Muchísimos vinos de Burdeos estaban "regados" con vinos de Alicante elaborados con la variedad Monastrell. Que les daba un excelente color y alto grado alcohólico.

Esta situación tan favorable produjo un fuerte desarrollo en la elaboración y comercio del vino en la región, llegándose a las 93.000 hectáreas de cultivo y a 1.200.000 hectolitros de producción de vino anual.

Como vender vino del año a Francia era mucho más facil, lucrativo e incluso prestigioso que elaborar fondillón, que era caro, lento y poco demandado, los viticultores de la zona, haciendo honor a la idiosincracia valenciana, dejaron inmediatamente de elaborar su vino histórico, para abrazar el dinero facil que les ofrecían los franceses.

En 1892 finaliza el tratado francés y los productores se encuentran ante el problema de la enorme sobreproducción, 120 millones de litros de vino por vender, que no le interesan a nadie, lo que pronto significó una fuerte depresión económica para la zona. Azotada poco más tarde también por la filoxera, representó el hundimiento absoluto, nunca más la región alicantina ha gozado de esa prosperidad vinícola tan acusada.

De hecho el Fondillón era un vino fosil, del pasado, desaparecido, desde principios del siglo XX hasta la década de los cincuenta, técnicamente no existía.

Estuvo a punto de perderse tras la Guerra Civil, pero en 1954 se encontró en la partida de Caseta Nova cerca de Castalla un tonel lleno de Fondillón del que hemos hablado al principio, Salvador Póveda fue quien lo restauró, y cuidó, recuperando poco a poco el mítico vino alicantino a partir de la madre de aquel tonel olvidado por los  “meninfots” valencianos.

Nunca agradeceremos lo suficiente a Salvador Póveda y su familia, la recuperación de este mítico vino, de este fósil enológico olvidado por el tiempo y por sus propios creadores, que es en sí mismo una seña de identidad cultural.

Como ejemplo alustrativo, a continaución tenéis una ficha de cata del fondillón “comercial” que más me gusta amí.

Salvador Poveda Gran Reserva de Fondillón 1980

Región: DO Alicante

Bodega: Salvador Poveda, fundada en 1919 por Salvador Poveda Corbí

Enólogo: Salvador Poveda

Suelos: La mayor parte del viñedo se encuentra sobre terrenos calizos de coloración parda, escasamente arcillosos y con un bajo nivel de materia orgánica. Aunque los suelos de la huerta de Alicante, verdaderos tributarios del Fondillón, han desaparecido irremediablemente debido a la voracidad constructivista de una zona que no cesa de crecer.

Viñedo: Son diversos viñedos muy viejos, con las cepas dispuestas en vaso. Todos de la variedad Monastrell.

 

Variedades: 100 % Monastrell. La especie Monastrell es la variedad reina en Alicante, alcanza un 66% del terreno cultivado.

Tipo de vino: Dulce rancio de postre.

Elaboración: Para su elaboración, se parte de una uva muy madura, casi pasificada a la que posteriormente se le somete a un asoleado breve sobre unas esteras de esparto llamadas en la zona "Safareig" (en Málaga les llaman "Zafarich" y en Montilla y Jerez, "Estores", "Redores" o "Valeos"). Aunque algunas bodegas no asolean las uvas, o niegan que las asolean. Antiguamente también se añadían algunos racimos de Garnacha tintorera en su elaboración.

Una vez pasificados los granos, alcanzan cerca de los 20 grados alcohólicos probables a veces más. Lamentablemente el Fondillón es un vino casi desconocido en su propia tierra, generalmente no es muy dulce y además el excesivo envejecimiento oxidativo al que es sometido en grandes toneles de roble alicantino, le resta carácter y tipicidad a la variedad Monastrell.

El vino Fondillón, por sus características organolépticas básicas, se asemeja a los vinos rancios de Oporto, a los Tawnys viejos, a los Madeiras, Marsalas o a los longevos Palos Cortados, olorosos y Amontillados de Andalucía.

Uno de los más prestigiosos bodegueros de Alicante: Felipe Gutiérrez de la Vega, pensando que no tiene mucho sentido someter este vino a un envejecimiento tan prolongado, que poco puede aportar a la calidad organoléptica del vino, ha realizado un exquisito Fondillón, que más se parece a un Oporto Vintage que a los fondillones clásicos. Es un vino exquisito, desde luego, los únicos "peros" son su elevadísimo precio (más de 200 €) y su falta de tipicidad, ya que no se parece a ningún otro fondillón.

Aunque el bueno fe Felipe, asegura que los fondillones antiguos de la huerta de alicante eran parecidos al suyo. Desgraciadamente es algo que no podemos confirmar.

Ficha de cata

Vino de color ámbar parduzco, con brillantes reflejos cobrizos levemente atejados. Lágrimas muy ricas en glicerol, gruesas, casi estáticas y que apenas tintan la copa.

En nariz es un vino potente, con aromas tostados que nos recuerdan al caramelo de azúcar de caña, a la bollería, a las cerezas tostadas, avellanas, barnices (acetaldehídos), canela, nueces, terrizo húmedo, solerado, especias orientales, dátiles y pasas.

En la boca, exhibe una acidez elegante y pronunciada, que nos recuerda a un exquisito amontillado, es cremoso, glicérico, potente y largo. Muy complejo e intenso, con cierto predominio del alcohol nada molesto.

Dotado de una vía retronasal exquisita, donde destacan los aromas de mueble viejo, fruta roja escarchada, elegantes barnices, cuaderna de barco, duela húmeda y pastelería fina. Especialmente nos recuerda al azucar espolvoreado sobre una ensaimada recien hecha.

Su recuerdo es original, agradable y duradero.

Servicio/ Consumo:

Copa Senso Fondillón, especialmente diseñada para este vino, no sirven las copas pequeñas de cata tipo AFNOR, tampoco son adecuadas las diminutas copas jerezanas o de caña, este vino a unos 10 grados centígrados se muestra más expresivo, aunque su abanico de temperaturas         -debido a su enorme potencia- es amplio.

Maridaje:

Es ideal con quesos azules como el intenso Cabrales, el cremoso Roquefort o un suave Gorgonzola, pero el maridaje perfecto es con un Stilton viejo y sin embargo cremoso.

En Alicante suelen consumirlo con Turrón, y está exquisito. También es adecuado con bollería y repostería de horno antiguo, sobre todo aquellos pasteles que contengan chocolate. Impagable con rollitos de anís y con orelletes de music.

Conservación:

En condiciones idóneas puede conservarse perfectamente durante décadas.

Observaciones:

Incluso con la botella abierta, aguanta meses en el frigorífico. Es el vino ideal para beberse una copita de vez en cuando, preferiblemente en medio de una tarde otoñal, acompañando a frutas de sartén calientes, en la mesa camilla de la abuela, si puede ser con brasero incluido, mientras llueve indolentemente en el exterior.

Juan Ferrer Espinosa

Enópata